7 may. 2004

Me asegura un buen amigo que vive en Barcelona, que ni siquiera los ciudadanos de tan mediterránea ciudad, gente por cierto leída, saben explicarse qué es esto del Forum, algo así como una reedición de las Olimpiadas, dicen, pero en barato y sin videoclip de Freddy Mercury, en la que los corredores y los saltadores de pértiga son pensadores, novelistas y políticos de sospechosa afinidad, y cuyo mayor atractivo son los conciertos de algunas viejas glorias de la música ligera que, por otra parte, se pasean por los escenarios de nuestro país de cuando en cuando. Los más suspicaces, creen que detrás de estos meses de cultura a granel se encierra una operación urbanística, la recalificación de los terrenos sobre los que se asientan los anfiteatros, plazas y pérgolas del invento. En fin, los líos de siempre.

Uno se dispone a estudiar el programa del Forum, o sus cientos de programas, porque no hay quién se aclare sobre qué hay y en qué fechas, y duda si apuntarse a la haima en la que disertará Saramago, toda una rareza (portugués, comunista recalcitrante y premio Nóbel), sobre los problemas de la globalización, o si sacarse un ticket para aplaudir la filosofía gelatinosa de Paolo Cohelo, personaje de la industria del new age, que vende libros como rosquillas. También cabe la posibilidad de escuchar en traducción simultánea los recuerdos de Mijail Gorvachov, cuando los americanos no eran tan malos y en occidente contemplábamos impasibles el sufrimiento de los países del Este. Incluso, se pronostican dificultades para encontrar un pase para la conferencia de Lula, cuyo milagro en Brasil comienza a hacer aguas pero que sigue resultando muy simpático a los populistas de medio planeta.Hace años participé en una Cumbre Mundial de Naciones Unidas sobre Desarrollo. Había gente de muchos colores, actuaciones por las calles de Copenhague, conferencias ensartadas unas a otras como churros, declaraciones de principios, revisión de esas declaraciones, aclaraciones de esas declaraciones y una declaración final que no vinculaba a nadie. Llegué a la triste conclusión de que aquello sólo servía para mantener a los profesionales de la palabra, que se pasan la vida de cumbre en cumbre, de hotel en hotel, de mesa redonda en mesa redonda. Lo más interesante de aquellos días: los paseos tempraneros por la ciudad nórdica, ver pasar a Fidel Castro como a un resucitado, y a Peter Ustinov, embajador de buena voluntad de la ONU, que iba de un lugar a otro por aquellos grandes edificios, más perdido que un pulpo.

Supongo que el Forum va a llevar a Barcelona a muchos jóvenes dispuestos a tragarse la cultura a paladas. Lo que no sabemos es, si después del viaje iniciático por las conferencias y los debates, serán capaces de volver a leer una novela. También recalará en el puerto algún que otro curioso en busca de autógrafos internacionales, aunque no son muchos los nombres célebres que manejan los organizadores. Y los antisistema, que llenarán las calles con sus gritos y carteles, y a quienes encanta la idea de la haima con Saramago (lástima que falte Gadafi, otra vez de moda y tan colorido para cualquier festejo). Sin embargo, tengo la sensación de que Barcelona no va a resultar el encuentro de culturas que anuncian, salvo si fletan barcos panzudos desde los puertos de Africa, Asia y América Latina. Sólo así, con un desembarco masivo de sinpapeles, la presencia de otros mundos será real, en especial la del mundo pobre, del que tanto se va a hablar para llegar a nada. Aunque, en este ambiente de fiestas callejeras, macroconciertos y degustación de cocina internacional, los pobres apenas importan, sobre todo cuando el programa es así de confuso, y uno aún no sabe si va a encontrarse con Sting bebiendo té en la haima, o a Cohelo sobre el escenario de un teatro, cantándole versos al hermano castor.
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