16 feb. 2008

Había quienes, para echarse un saludo, doblaban el codo y sacudían un manotazo al aire. Otros cerraban el puño con fuerza, como si quisieran pegar a las nubes. También proyectaban la mano derecha mientras voceaban el nombre de su Caudillo. A todos ellos –o a casi todos- podemos encontrarlos en la plataforma PAZ -¡cursiletes…!- mostrándonos el saludo que hoy demandan las huestes del poder. Desde la chica de la Cruz Roja que armonizó con sus canciones ye-yes a las últimas generaciones de la Sección Femenina, al nieto del picaor de mina que en sus primeros éxitos musicales vitoreó a ese hombre bajito que liberó Asturias de los revolucionarios y al que con los años aplaudió, cosas de la vida, cuando lo descabalgaban de su escultura de bronce después del último homenaje a Santiago Carrillo. Pero ya no saludan doblando el codo ni sacudiendo a las nubes, ni siquiera proyectando la mano a un horizonte de pretendida libertad azul, sino que contorsionan el índice y se lo apoyan sobre la frente a modo de ceja de Fausto. Dicen que es el lenguaje de los sordomudos para decir “ZP”. A mí me suena a consigna de los pesebristas de siempre, los mismos que en su día soñaban con actuar en los juegos florales del palacio del Pardo o los que aguardaban impacientes la invitación a los jardines del Moro en la onomástica del Rey Juan Carlos, por muy ácrata que después se las dé Sabina, uno de tantos, que al final resulta que se hacía pis con tal de que los Príncipes compartieran con él cena y mantel –espero que no las hierbas con las que especia sus platos-. Pues bien, todos esos artistas doblan ahora los nudillos y se los echan sobre los ojos con gesto de “me mola ZP porque me asegura el canon”. Cualquier cosa a cambio de unos euros visados por la administración y repartidos por un amiguete encantado también de hacer el saludo de marras tantas veces sean necesarias.
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