21 feb. 2010

La indisolubilidad del matrimonio está unida a la dignidad del ser humano y muy por encima de las consideraciones religiosas, que en la mayoría de los casos vienen a reconfirmarla. Ni los hombres hemos nacido para forjar un harén (que es una de las consecuencias encubiertas del divorcio o de las probaturas extramatrimoniales de quienes van picoteando por aquí y por allá) ni las mujeres, por supuesto, se merecen formar parte de una colección de servidoras sexuales o afectivas (que suele ser lo que muchos hombres buscan cuando han dado la puntilla al amor). Es tan meridiano que hombres y mujeres, de cualquier condición y cultura, somos monógamos, que la institucionalización de las prácticas que vulneran la naturaleza del matrimonio sólo producen situaciones injustas. En el caso del divorcio, España lo ha experimentado en un sin fin de mujeres que se las ven y las desean para llegar a fin de mes cuando sus maridos no les pagan a tiempo la pensión; en un sin fin de hombres a quienes los jueces han limitado hasta el abuso su derecho a convivir con sus hijos y educarlos; en un sin fin de hijos que se han convertido en mercancía, de un hogar a otro, y en víctimas de las veleidades sentimentales de sus padres.Como si no hubiésemos escarmentando con tanto dolor, este ZP que ahora se arrastra por los infiernos del descrédito inauguró su primera legislatura con el “divorcio-expres”, al que pronto sumó la afrenta del matrimonio homosexual. Afrenta para quienes estamos casados y para todos aquellos, solteros y viudos, que creen en la institución.

Por eso celebro la publicación de “A prueba de fuego” (editorial LibrosLibres). Es una novela que inspiró una película que, sorprendentemente, ha hecho reaccionar a muchos matrimonios que andaban deshojando la margarita de la ruptura. La película no se ha comercializado, por lo que tiene mucho mérito su distribución mano en mano para verla en inglés y con subtítulos, ya que tampoco está traducida. Así que la novela, que puede leerse con pausa para profundizar en todos los escollos que plantea, debería servirnos como herramienta para intentar ayudar a tantos náufragos que nos rodean.
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