9 feb. 2008

Se acabó el Tomate. Y sus presentadores –el de la rueda de Molino y la monilla ocurrente- lo anunciaron cargando de nuevo las tintas en una de sus víctimas, la Pantoja, a la que han vampirizado hasta chuparle la sustancia de la médula espinal. Es su estilo, así que no podían acabar de otro modo, prometiendo tracas finales con escándalos incluidos (sólo les ha faltado subir a Jorge Javier al estrado para que ofreciera unas prácticas de sodomía en directo, miserable). Por sus manos –las de los presentadores, productores y directores de Tele 5- han pasado a degüello todo tipo de personajes, desde respetables artistas, políticos, empresarios, madres y padres de familia hasta lo peor de cada casa. A ellos sólo les interesaba la audiencia por lo que no manifestaron empaño, a lo largo de cinco años, de violar la dignidad de sus víctimas y de sus espectadores con todo tipo de calumnias y difamaciones. Hasta despertaron de sus tumbas a aquellos de los que sólo quedan los huesos y, tal vez, la piel apergaminada. Ese fue el secreto del éxito del Tomate, la necrofilia, el gusto por lo soez y la lagrimita fácil cuando sus mártires expiraban, tal vez, con el cuerpo rebelado ante tanta perversión pública. Y así, día tras día, y hasta en fines de semana, violando también la inocencia de los niños que aprendieron a hablar de polvos como lo hacen de caramelos. Y la conciencia... ¡ay la conciencia! ¿Cómo dormirán todos aquellos que han sostenido este fusilamiento a la dignidad? Tal vez satisfechos por la caja. Panda de víboras con corbata de Hermés que han educado a nuestra juventud en la apología demoníaca de todo tipo de desvaríos.
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