3 oct. 2016

Nuestros hijos, que han llegado a la vida con la oreja pegada a un móvil, apenas saben nada de lo que sucedió en el mundo durante el siglo XX. Por otro lado, casi seguro, no les interesa saberlo. Por aquel entonces, en vez de pokémones había una mancha roja, como un reguerón de sangre, que fue tiñendo y adueñándose de un buen número de países con una libertad de alambreras. A la opacidad de lo que existía detrás de aquel telón -que fue mucho más que una frontera ideológica-, los adalides del materialismo práctico fraguaron una aristocracia en la que, para ser considerado por el régimen, se hicieron necesarios los puestos y los grados, los entorchados, las medallas, que en los duques del proletariado poblaban toda la pechera.

El eurosocialismo bebió de aquellas fuentes, de las que desligó –a Dios gracias- sin renunciar a algunos elementos de su puesta en escena. Uno de ellos fue el puño alzado (con el brazo doblado por el codo, así, como con pereza) mientras se entonaba a coro “La Internacional”, imagen cargada de naftalina de la que en España se han apropiado los de Podemos (Borrell atina al advertir que los hijos de los socialistas votan al partido morado). La llegada del PSOE al poder les hizo entender qué poco prudente era mantener esa estética, incompatible con el traje y la corbata. Por eso la reservaron para la fiesta de la minería, en la que la aristocracia ejercía por unas horas de “descamisada”.

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Otro elemento fue la coletilla “marxista”, que Felipe borró con la goma del éxito electoral y el referéndum de la OTAN, al que tanta estabilidad debemos. Pero los socialistas cometieron el error de no limpiarse de los hombros la dichosa nomenklatura, que sigue arraigada en la pantomima del paraíso obrero, en el que por un lado están los pobres y por el otro esa aristocracia de los comités, a la que le faltaba espacio para pinchar una nueva condecoración.

Por culpa de la nomenklatura se nos hace imposible entender los pasos del partido a lo largo de esta estrepitosa agonía. Es una muerte enmadejada en comité federal, ejecutiva, delegaciones, secretarías,  estatutos, secretario general, secretarios de organización, áreas, congresos, comisiones ejecutivas, otras comisiones, portavoces, miembros, mesas, presidentes, árbitros, vocales, gestoras, gestores, militantes, etc.


Para acabar de confundir a los ciudadanos, a los del puño y la rosa sólo les falta masculinizar y feminizar los términos, ejercicio al que son tan aficionados: militantes y militantas, portavoces y portavozas, Pedros y Pedras…

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