5 jul. 1996

En Arroyociruelo, famoso por los brocados que luce su Patrona y las pastas de anís, no había un alma durante el último puente. Dejaron a doña Tránsito, que como es de otra generación se marea en los aviones. Además, alguien tenía que encargarse de guardar el ganado, aunque desde que pusieron la macrogranja avícola, en Arroyociruelo no queda sino una oveja que utilizan para el belén viviente de Navidad. El nieto de doña Tránsito -que hace unos lustros también participaba en la representación como angelito-, dirige una agencia de viajes en la capital, y desde que le dieron el puesto, no hay vacación de más de tres días en la que los arroyocirueleños no hagan el petate y se enrolen en una expedición al Caribe. <<Desde que nos dijeron que vivimos en el estado del bienestar, aquí en Arroyociruelo no queda nadie los días de fiesta>>, explica doña Tránsito a unos estudiantes de botánica que se acercaron al pueblo el segundo día del puente en busca de malvavisco. <<Se han ido todos a Cancún, hasta la Presen, noventa y cinco y no hay quien la pare. En verano se marcha con IMSERSO, un buen hombre que organiza viajes muy baratos para la tercera edad. Se ha recorrido toda la costa, aunque donde mejor lo pasa es en Tenerife, que les ponen karaoke por las noches y hasta la sacan a bailar>>. Doña Tránsito se atusa el pañuelo y se queja, porque desde lo de la agencia de viajes y las promociones al Caribe que hacen en televisión, ya no queda en Arroyociruelo una rezadora que le acompañe a las novenas. <<El año pasado vino un autobús cargado de japoneses. Los traían de Madrid para que retrataran la verbena de la Patrona, y se encontraron con que todo el pueblo estaba de vacaciones en República Dominicana. Los invité a mi casa y les di unas rosquillas de anís, pero como no soy muy fotogénica, en seguida los devolvieron a la ciudad>>.Se preguntarán si los suelos de Arroyociruelo son ricos en petróleo o en trufas, a juzgar por el ritmo de viajes de sus vecinos. Ni por asomo. Allí lo único que se daban bien eran las gallinas, y las estabuló una multinacional para que pusieran huevos sin descanso. Dicen que se las arreglan con las subvenciones que regalan en Europa por no sembrar. A doña Tránsito le consta que su nieto cobra religiosamente por las vacaciones de los arroyocirueleños, que piden tal cantidad de créditos para tumbarse en las playas de Cuba, que en el pueblo han abierto ocho nuevas oficinas bancarias en las que pedir un adelanto. <<Para pagar los intereses, ya sabe, inviernos con poca calefacción. Aquí nos tomamos muy en serio lo de la crisis, ya ve. Y de qué quejarse; desde que tenemos tantas cadenas de televisión no hay que ir al prado, ni aplicarse con los bolillos, ni montar tertulia en el patio de la Anacleta para pasarlo bien. Ya ve, estos tiempos, que progresan>>.

Los vecinos del pueblo saben que, a fin de cuentas, es más barato veranear quince días en las playas del Caribe que hacer caso a los anuncios de los Paradores de España. Pese a todo, lo que no se entiende es cómo se las arreglan; elegir la década del paro y los bajos sueldos para descubrir el Nuevo Mundo es una osadía. Si le preguntas a doña Tránsito por el asunto, te sale con lo del idioma: hay que aprovechar que se ha universalizado el español. Según dice, con la caída del Muro los países se dieron cuenta de que no hay mayor signo de convivencia que abandonar las lenguas extranjeras. Se lo confirmó su nieto cuando le invitó a pasar una semana en Londres. Doña Tránsito pensó excusarse del viaje con el asunto del idioma. <<¿Qué hago yo perdida en esa ciudad sin nadie que hable en cristiano?>>. <<Pero yaya>>, insistió el nieto de la agencia de viajes, <<si el español con mejor acento se habla en Oxford Street>>. Doña Tránsito comprendió en un instante cómo es posible que la Presen -que apenas sabe escribir su nombre-, se recorra el mundo con tanto desparpajo. <<Y allí me fui; en autocar porque el avión me marea. Os aseguro que en muy pocos años se organizará la verbena de la Patrona cerca de Picadilly, a juzgar por la cantidad de vecinos que me encontré>>.
Pero doña Tránsito ya no está para muchos trotes. Se le resintió la cadera con la humedad del Támesis y tuvo que volver a Arroyociruelo antes de tiempo. La Presen y el resto de viudas le animan para que se embarque con ellas en el próximo viaje, en el mes de agosto. Han contratado sus vacaciones en la agencia de su nieto, y por un módico precio llegarán a Port Aventura en autobús, pasarán tres días montadas en el Dragón Khan -una montaña rusa con ocho loopings-, y después volarán desde Barcelona hasta las Bahamas, donde podrán disfrutar de ocho días de playas de arena blanca, piña colada, noches de merengue y la agradable compañía de cientos de grupos de turistas venidos desde todos los puntos del estado del bienestar. <<Tienes que darte prisa, Tran>>, le urgen, <<sabes por tu nieto que en un par de semanas no quedará libre una sola plaza>>. Pero no existen argumentos que convenzan a doña Tránsito. Ella se quedará al cuidado de la oveja del belén. Además, aún quedan familias que por más que se empeñen sólo pueden veranear unos días no demasiado lejos de la capital. Tal vez en las próximas semanas aparezca alguna en Arroyociruelo. Como durante la primavera ha llovido con ganas, la alberca está llena, y planea sus tardes a la sombra de una higuera, disfrutando con las risas de los chavales que se lanzan al agua desde el Canto del Cuervo. Si vienen más de dos familias, sacará la freidora de rosquillas al prado y colgará alguna guirnalda con la que celebrar de nuevo la verbena de la Patrona. Además, con eso de los viajes, la Presen está pesadísima y pretende convencer a doña Tránsito para que deje el pañuelo y las galas de los domingos y se vista echa una hortera: chancletas de colores y t-shirt "I love Cancún". En el fondo, doña Tránsito se alegra de que las viudas del pueblo se vayan tan lejos a dislocarse la clavícula mientras aprenden a bailar salsa. Ha visto mil veces las fotografías de esas playas, y está convencida de que Arroyociruelo está precioso en verano.
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