13 oct. 1998

Tengo entendido que fue Baudelaire el que afirmó que <<la mayor victoria del demonio es hacernos creer que no existe>>. También me pareció leer que el Papa Montini utilizó esta cita para describir el asombroso rechazo de algunos teólogos del post-concilio a la creencia en Satanás, príncipe del mundo, del que decían era una creación mitológica, un arma de la Iglesia para aterrorizar a los fieles, un cuento de viejas que alimentaba la superstición de los más débiles. Sin embargo, tengo la sensación de que el diablo quiere convertirse por derecho propio en una starsistem del nuevo milenio, ahora que el mundo siente la necesidad de creer en algo y aferrarse a las experiencias sobrenaturales, vengan de donde vengan.

Para confirmar mi teoría he echado mano a la hemeroteca, donde las secciones de sucesos de los periódicos de hace diez y quince años ocupaban sus páginas con crímenes sanguinarios, con fugas de rateros, con robos misteriosos, mas no con las terribles noticias que nos sirven los diarios de hoy, en las que los protagonistas, activos y pasivos, son los niños. No hay día en el que -en cualquier noticiario- no se recoja una agresión física, sexual y psíquica contra un menor, de forma que la costumbre ha dado paso a cierta saña a la hora de describir las noticias en las que, a todo lujo de detalle, se desentrañan estos comportamientos desnaturalizados. Los aficionados a la sección de sucesos se están acostumbrado a la narración de una sodomización diaria como el que lee el asalto a una joyería, conducta delictiva cuasi-habitual.

El demonio es un estratega que se adapta al inagotable ingenio humano: el mal se extiende con tal velocidad por las nuevas tecnologías que me cuestiono si no nacerá a la par de las mismas. Por ejemplo, internet se ha convertido en un vehículo de comunicación masiva a la vez que en el más sofisticado instrumento de vejaciones. Cien han sido los detenidos en la última operación policial contra el negocio de la pornografía infantil a través del ordenador. Cien personas que ganaban mucho dinero gracias a la distribución de fotografías y otro tipo de imágenes arrancadas con violencia y una maldad de grado supremo (demoniaca), a criaturas que deberían jugar y descubrir la belleza de la vida poco a poco, y no ser obligadas a emponzoñarse. Y si cien son los distribuidores de la pornografía infantil, se deben contar por miles los usuarios, hombres y mujeres, que consuelan su ponzoña con una bacanal de infancia. ¿Existe un acto cargado de mayor vileza? Hasta la imaginación del más corrupto de los criminales se queda corta.
Algunos dirán que este tipo de felonías han existido siempre, que desde que el mundo es mundo la especie se empeña en rebajarse hasta la baba del caracol a cambio de estímulos vomitivos. Y, sí, estoy convencido de que la tentación del mal nos acompaña desde el principio, mas me sorprende la terrorífica proliferación de este tipo de prácticas en los últimos años, que han superado el ámbito de la casuística para alcanzar una dimensión popular. ¿Sugestión diabólica? No lo dudo, pues no sé qué estado de putrefacción ha de sufrir el corazón del hombre para prostituir a un niño y después exhibirlo al público como si fuese un pedazo de carne.

Nuestra sociedad es una suerte de contradicciones e hipocresías. Al día siguiente de la detención de los cien pederastas de la red de internet, en España se convocó una huelga por parte de los usuarios y distribuidores de las páginas web porque Telefónica ha subido las tarifas de la línea... Estaban en su derecho a protestar por semejante problema, no lo cuestiono, pero hubiera sido más noble redefinir la huelga en apoyo a las víctimas del abuso y en protesta para que la red deje de ser un coto privado de los chulos de burdel que hacen su agosto con la pornografía infantil y con la pornografía de siempre.

El demonio existe, y se sirve de las últimas novedades (el Internet ya citado, la libertad en los países del Este europeo, la dependencia de los países pobres, la devaluación de las monedas, las leyes injustas y hasta las crisis de la bolsa) para embaucar a los hombres en las más podridas acciones, llámense pederastia, mafias callejeras, deuda externa, genocidios tribales, leyes anti-natura o especulación a destajo. Y lo que hay que plantearse no es si tiene rabo y tridente, sino si los hombres de bien seremos capaces de darle la vuelta a la tortilla con nuestro empeño... y con un poco de Gracia.
Categories:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Subscribe to RSS Feed