7 jul. 2001

Hace unas semanas terminó el campeonato de Liga de fútbol. Pensé que por fin comenzaban las vacaciones -¡iluso de mí!-, un descanso mental más que necesario después de tantos meses de declaraciones de presidentes de club, entrenadores de equipo, ex-entrenadores, defensas, delanteros, laterales derechos e izquierdos, porteros, capitanes, masajistas y demás cantera afincada en los informativos radiofónicos y televisivos con sus vagas opiniones sobre cualquier asunto relacionado o no con su oficio. Como traca final, durante tres días, tres, tuvimos ocasión de oír y ver cómo estos personajes celebraban su clasificación final con bailes, cohetes, baños en paños menores en la playa, visita del equipo a la patrona, saltos en la balconada del ayuntamiento y todo tipo de algarabías, reservando los noticieros más tiempo al susodicho baño en calzoncillos de los directivos de un club que al jaleo que se está fraguando en Macedonia, por poner un ejemplo.

Hubiera aceptado aquel tropel de estupidez colectiva, incluso las algaradas de los hinchas violentos del equipo de Jesús Gil, disueltos por los helicópteros de la policía municipal antes de que descalabraran a algún aficionado decente, con tal de que hasta el comienzo del nuevo campeonato de Liga los medios de comunicación tratasen al fútbol con la racionalidad de tiempo y de selección de noticias que le corresponde (es decir, unos minutos -los justos- al final de cada informativo, con un contenido que tenga en cuenta la dignidad del espectador). Pero el día en que los programas de radio y televisión se cansaron de hablar de la ropa interior de la directiva de la Real Sociedad, y de la fiesta callejera de la afición sevillana, al presidente del Barcelona se le ocurrió una frase genial sobre algún estúpido asunto, y su contrincante más directo le contestó con otra bobada de libro: de nuevo ese tipo de declaraciones tuvieron eco y nos las mostraron a todas horas, hasta que las aprendimos de memoria, igual de mal dichas, porque hay que ver que mal habla esta gente del fútbol.
He perdido la cuenta de los campeonatos que se juegan durante las semanas de verano, pero lo cierto es que si enciendo el televisor o pongo la radio en las horas en las que puedo descansar, otra vez colma todas las frecuencias el submundo de los fichajes, de los traspasos, de las primas, del ese dijo esto y yo le contesto lo otro. Y suspiro, paciente, deseando que se tomen unas largas vacaciones.
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