15 dic. 2006

Nada produce tan natural rechazo como la hipocresía. De entre las faltas humanas, es de las pocas ante las que nos cuesta mostrarnos indulgentes. Porque la hipocresía no esconde debilidad, como la mayoría de las imperfecciones que cometemos, sino doblez, fariseísmo y mala intención, por mucha cortesía con la que intente disfrazarse. Uno recuerda la negación por parte de los lideres socialistas de la tortura de Lasa y Zabala –desgraciados que no fueron, precisamente, santo de mi devoción-, el encogimiento de hombros con el que Felipe González premió la cárcel de los suyos, la sugerencia de Rafael Vera de que había llegado el momento de asesinar a Amedo y Domínguez, los calzoncillos de Roldán en sus juergas a costa de los huérfanos de la Guardia Civil, los sacos de billetes que se llevó San Cristóbal, los maletines por Ferraz, las joyas de Corcuera para su señora esposa, el despacho de las prebendas de Juan, el hermanísimo, en la Junta de Andalucía o el dispuesto en Mérida por Ibarra para aquel Secretario de Estado condenado por ladrón, las palabras “conciliadoras” de Pérez-Rubalcaba durante el 13 de marzo, los desplantes de Pepiño y Zapatero a las víctimas del terrorismo y tantos y tantos ejemplos de mezquindad…, y se nos revuelven las tripas. Los hipócritas –que también habitan las cloacas de la derecha, para qué engañarnos- encuentran excusas, palabras bien sonantes, escaqueos y mentiras con las que burlar la labor de los investigadores de la verdad, porque no están dispuestos a bajarse de su burra.También la televisión cuenta con muchos fariseos, personas de doble moral que por la mañana se sientan en el consejo de administración de cualquier canal, bien prieta la corbata de Loewe, prestos a firmar un talón a favor de tal o cuál ONG, al mismo tiempo que no ponen pegas a la programación de las noches del fin de semana, cuando esos canales que gobiernan se transforman en un prostíbulo de carretera, en una ordinaria güisquería con luces de neón y todo. Con la excusa del corazón, de la serie de producción nacional, del concurso de marras, mi pantalla plana es peor que una barra de alterne, donde la carne se vende al peso y las acciones suben y bajan como la espuma. Hipócritas.
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