13 abr. 2007

Desde hace unos días, no conozco a mi mamá. Antes formaba con nosotros una familia unida y feliz, pero se le cruzó la posibilidad de acudir a un programa donde iban a transformarla. A cambio de un secuestro consentido de dos meses, en el que me privaron de sus caricias y de sus coscorrones, han hecho de ella una especie de muñeca hinchable.

Aunque todos admitíamos que mi madre no era una top-model, la queríamos con sus caderas, con sus pechos gastados de amamantarnos, con sus arrugas de reír…, porque a las madres se las ama sin límite. Sin embargo, le perdieron las horas delante de la tele, en las que se empapó del físico de tanta loba inflada de botox.

En el contrato que firmó, figuraba que yo debía aparecer también en pantalla. En efecto, unos hombres de Antena 3 me llevaron hasta el zulo donde la tenían confinada. Una cámara grabó nuestros besos y hasta nuestras lágrimas. Y es hora de que actúe el defensor del menor, ya que desde entonces soy el hazmerreír del cole. Aunque no fue allí donde acabó mi desgracia: aquel contrato también me obligaba a acompañar a mi padre al estudio para la emisión en directo de nuestro reencuentro. Soy menor, pero durante las muchas horas que duró el programa, me obligaron a ver algunas imágenes de la carnicería a la que fue sometida.Primero, le aspiraron varios kilos de grasa a base de punciones; pensé que la estaban matando. Después le hicieron una incisión en la boca para lijarle el mentón. Más tarde le rompieron el tabique nasal, le sajaron el pecho -¡toda España lo vio, también mis compañeros del colegio!- para introducirle algo así como unas medusas de plástico que no sé si son o no venenosas. En el colmo del sadismo, le arrancaron los dientes para colocarle unos de mentira.

Mucho después de la medianoche, se abrió una puerta del plató llena de humo y por allí apareció una mujer que dice que es mi madre. Mientras avanzaba por la pasarela con la intención de abrazarnos y hacerme pasar otro momento que mis amigos nunca olvidarán, observé a una mujer de goma, parecida a muchas de esas lobas que durante tantas horas le hacían perder el tiempo.

¿Dónde está mamá?...
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