7 jul. 2007

En 1982 ya eran viejos. Por aquellas calendas no existían estrellas del rock & roll con más de treinta y cinco años a la espalda. Vinieron a la España de Naranjito, todavía cañí, con el discurso de que estaban a punto de dar el carpetazo, de cerrar el chiringo, de marcharse a casa porque no había cuerpo que soportara semejante marcha. Y con la leyenda de que podría ser la última de sus giras agotaron el papel.

Salvo un puñado de fans, el público apenas conoce tres temas de la mítica banda. Quienes asisten a sus festivales esperan desde el primer momento que entonen el “Satisfaction”, ya que se hace pesado un concierto en el que no logras tararear una sola canción. Pero “morritos” Jagger les deja con las ganas casi hasta el final, y a cambio les endosa dos horas de movimientos bucales y bailes de acá para allá, empeñado en mostrar el desafío de llegar a los setenta sin ni siquiera jadear después de tamaño ejercicio. Por algo les titulan “sus satánicas majestades”. Por algo los rostros de cada uno de los miembros del grupo evoca a los ángeles del averno. Uno contempla durante un rato la jeta de Keith Richards y se convence de que el infierno existe, aunque si de rostros se trata Ron Wood no le queda a la zaga. Mucho menos Mick Jagger, un aristócrata muy singular del que cuesta creer que por las venas le corra sangre y no cualquier otra sustancia.Con la excusa de que apenas les quedan unos meses para el asilo, han llenado cada uno de los escenarios por los que han recorrido el mundo. No sé si lo suyo es música o bussines. A fin de cuentas, necesitan trescientas personas para construir el castillo artificial por el que se mueven. ¿Cantarán de verdad? ¿Tocarán en directo? Eso es lo de menos. Al que paga le importan los decibelios, la espectacularidad de los fuegos de artificio y otros efectos especiales, la calidad de los teloneros y los labios inflables con los que hacen la caja del merchandising. De los Beatles recordamos diez o veinte temas. De los Bee Gees cinco. De los Rolling, que siempre están a un tris de la jubilación.

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