12 ene. 2008

Madre e hija se han ganado a pulso la vinculación de su nombre con un prototipo horrible de mujer: aquella que zascandilea por el barrio en chándal y zapatos de tacón, recién lacada en la peluquería y con ínfulas de grandeza cada vez que hace frío suficiente para lucir el abrigo de visón. El aspecto que desde hace años se gastan en mi pantalla plana, sus pretendidas buenas maneras, conviven a la perfección a la hora de aspirar con ruido las cabezas de los langostinos o de acudir a los funerales con un chicle en la boca. Son Terelus, perfectas Terelus que hablan a todas horas de la piltra de las celebrities (como gustan llamar a esos desocupados que van de fiesta en fiesta) y se atreven con la política y hasta con lo que se tercie, al igual que sus heroínas, madre e hija, que llenan las horas de la televisión con sus vacuas opiniones. Hay un desastre natural en México y ahí está Terelu madre para explicarnos cómo funciona el cambio climático. Sufre Suazilandia un golpe de estado y ya tenemos a Terelu hija como experta en casas reales africanas. Y sin quitarse el chicle de la boca. ¡Qué portento!Han hecho de los platós sus particulares mesas camillas, aunque debemos reconocer cierta evolución. Cuando Terelu madre (abuela, bisabuela) era una invitada del programa de Hermida, la mesa camilla era auténtica: redonda, de braserito bajo las faldas de ganchillo. Hoy las cosas han cambiado. No en vano, estamos en la era digital, de la operación de estética con hilos de oro, de la invasión del bótox, del cambio e intercambio de acompañante… Así que la mesa camilla es un butacón de plexiglás sobre el que Terelu hija coloca sus piernas como le han enseñado en la escuela de algún García-Calvo, sonríe y nos ciega con el brillo de las fundas blanquísimas de sus dientes. Pero habla y habla con la misma seguridad de antaño, da igual que del sexo de las cigüeñas o de las hemorroides de alguna estrella del escenario. Y a la puerta del estudio se manifiestas las Terelus de barrio con sus chándales rosas y sus tacones, con los pómulos rellenos de bótox y los hilos de oro surcándoles la frente. “Terelus, os queremos”, rezan sus pancartas, “sois en novamás del estarsistem”.
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