14 mar. 2008

Lo siento, pero si hay algo que de verdad me preocupa después del último resultado electoral es la integridad física de ZP. La culpa la tiene Zerolo, o Cerolo -lo de la Z de su apellido puede que se deba a un orgasmo ortográfico-, que todo cabe en el simpático muchachito de pelo azabache, rebelde y espiral, trasunto entre fregona y un Bisbal de melena estoposa.

Pero hablaba de ZP y de su integridad física, porque después de la proclama del muchacho de las onegés sobre los orgasmos democráticos que le provocan su chico y su Secretario General, he creído ver las cejas del Presidente más picudas que nunca y sus ojitos azules moverse sin parar por si la pantera venezolana (vaya, otra Z) y reinona del carnaval de las Canarias pretende lanzársele al cuello cual palomo buchero. Es más, uno que tiene sus contactos ha recibido el soplo de que en la sede de Ferraz los compañeros de las compañeras buscan la protección de la pared cuando aparece el del corrido mexicano ondeando las guedejas y la bufanda multicolor, temerosos de que su chico (él le llama marido, aunque la Ley habla de cónyuge A y cónyuge B) le haya dejado con ganas de un poco más de democracia a media mañana o a la hora de la merienda.Lo presentí la noche del triunfo electoral, cuando ZP apareció en el escenario de Ferraz y Zerolo (o Cerolo) intentó estamparle un chusco como el que recibió el otrora ministro de Justicia y canarión de pro el día que el Congreso dio luz verde a los tules y las lunas de miel para todos los amigos y amigas del simpático concejal de Madrid. Pero ZP se zafó con la excusa del vitoreo y prefirió botar junto a Sonsoles para después desaparecer, antes que el público animara a Zerolo (o Cerolo; cada vez es más grande mi sospecha) a poner en práctica uno de sus virtuosismos democráticos con el carismático José Luis.

Así que, después de ver la facilidad de ZP para driblar al compañero, los orgasmos del tal Zerolo (Cerolo, insisto) puede que sean más falsos que Judas, una suma de gatillazos. También democráticos, claro.

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