30 may. 2008

Supongo que fue la costumbre la que nombró paseo de Carruajes a la arteria que recorre el parque del Retiro desde la puerta de la calle de Alcalá. Imagino que hace años los aristócratas recorrían con sus landós, jardineras y cabriolés aquel lugar de la floresta madrileña para saludar y dejarse ver. No podían imaginar que, con el tiempo, esa calle del jardín real se convertiría en una exposición del libro, que los antiguos feriantes cambiarían las verduras y cabezas de ganado por la cultura en papel y tinta, que durante dos semanas se atiborraría de editores y libreros, de curiosos y buscadores de autógrafos, de admiradores de escritores vivos que aguardan con ilusión una dedicatoria y de paseantes que completan su ronda dominguera con un empacho de novedades.

La Feria del Libro de Madrid es una ocasión de oro para acercar la novela, la poesía y el ensayo a aquellos que apenas visitan una librería. Se trata también de una reivindicación en toda regla de que es el librero el mejor vendedor de textos frente a la fría comodidad de los grandes supermercados que -¡ay, Dios mío!- se han convertido en los mejores clientes de las grandes editoriales. La Feria del Libro es un recorrido bastante completo por las tripas del negocio literario. En España florecen las novedades a un ritmo vertiginoso y la cultura hace tiempo, mucho tiempo ya, que no es patente de nadie. Se lee en las grandes ciudades y en los pueblos. Lee el público adulto y leen –y mucho- los niños y los jóvenes, a pesar de la tentación fácil de otros ocios menos exigentes como la televisión o el vídeo juego.Un fin de semana en la Feria del Libro depara muchas sorpresas. Entre ellas, la oferta literaria, ya que en el paseo de Carruajes tienen su espacio desde los grandes grupos mediáticos hasta las editoriales que aún cumplen la premisa artesana de quien hace de un libro, de un autor, elementos que merecen todos los cuidados. Por si fuera poco, la Feria rompe las distancias entre el escritor y el lector. Y no me refiero sólo a los gurús ante los que se apelotona un grupo creciente de admiradores, sino a aquellos que han visto cumplido su sueño de publicar y pueden disfrutar del roce con aquellos aventureros que le han leído y desean compartir sus sensaciones literarias con el padre de la obra en cuestión.

Como parte de este festival literario, debo reconocer la emoción que produce escuchar tu nombre por el megáfono junto al de toda la historia reciente de la literatura universal. Porque por la Feria del Libro, a lo largo de estos setenta y cinco años, han pasado casi todos los autores que hoy tienen un hueco de oro y plata en los manuales.

La primavera madrileña no sería la misma sin ese largo recorrido, de caseta en caseta, por todo lo que da de sí el placer de leer.
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