26 dic. 2008

La familia es una fiesta. La familia, digo. Porque hay personas, dispuestas a confundir, que se han hecho dueñas del lenguaje para manipularlo. Han conseguido que hasta la gente de buena voluntad comience a hacer distingos entre familias. Te hablan de familia tradicional, como si cupieran tipos familiares y el tradicional correspondiera al caduco y rancio. Familia, ya se sabe, es la unidad que forman un hombre y una mujer comprometidos de forma pública y para siempre. A partir de ahí vienen los hijos, los nietos y las extensiones a derecha e izquierda (abuelos, suegros, hermanos, cuñados, primos, sobrinos...). En este sentido, siento especial atracción por las familias que saben abrir los brazos y consideran de la casa hasta a los primos terceros por rama de padre y madre, y a los contraprimos y a los primos de los contraprimos. Porque donde hay cariño cabe toda suerte de requiebro parental, siempre que exista un tronco recio y bien enraizado en un hombre y una mujer, repito, que se dan un “sí” sin condiciones.Lo narra de forma magistral Jaime Esteban Monaterio en “A solas con Nacho”, una novela de amor con mucha autenticidad. Nacho, el protagonista que pretende a Cris, le plantea el matrimonio de la siguiente forma: “quiero compartir –convivir- tu vida, y quisiera que tú también vivieses mi vida. Sé que a tu lado habrá momentos de diversión y momentos de aburrimiento, alegrías y penas, éxitos y fracasos, pero eso lo hay en todas las vidas, y yo, la mía, no soy capaz siquiera de imaginarla sin ti”. Así comienzan las familias. Así, al menos, comenzó la mía, que tiene momentos de diversión (muchos) y momentos de aburrimiento (los menos), alegrías (infinidad, pero dentro de la dulce rutina, sin grandes aspavientos) y penas (algunas, sobre todo la de la gente querida que ha fallecido, o la de la gente que quiero, que queremos, y no parece apreciar la belleza que encierra el mundo), éxitos (poquitos, matizados, aunque reconozcamos en nuestros hijos la corona de laureles) y fracasos (poquitos también, porque los fracasos se convierten en éxito cuando se aceptan con naturalidad y en compañía).

El próximo domingo se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Los cristianos de España la viviremos en las calles de Madrid, con naturalidad y alegría, compartiendo con otras familias la dicha de esta aventura que para sí quisiera Indiana Jones.
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