25 jun. 2010

Siento volver con el ritornelo, pero esta crisis no es sólo económica sino que tiene un fondo antropológico que urge corregir mucho más que el capricho de los mercados. Cuando el ser humano pierde su identidad comienzan los experimentos peligrosos, capaces de llevarse por delante una civilización, tal y como la Historia enseña con maestría. Por tanto, la clave de nuestra supervivencia no se esconde en una reforma laboral de tal o cuál calado o en la llave mágica que garantice una mayor recaudación por parte de la Seguridad Social, sino en renunciar a los abusos que ahora aceptamos como costumbre para cimentar un futuro de sólidos principios.

Hace una semana, la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, gobernado por el PP, me invitaba a través de Facebook a que me uniera al evento “Hoy Málaga es Gay”, con el que el partido de la derecha va a organizar un desfile estival en la bella ciudad costera, para que lesbianas, gays, transexuales y bisexuales reivindiquen no sé qué clase de orgullo. Como en la capital del reino tenemos experiencia en este tipo de avatares y a tenor de que la publicidad que me hacía llegar doña Mariví Romero Pérez, abundaba en el consejo de que llevásemos a muchos niños (además de ancianos), le advertí del peligro de que fuera a provocar una perversión generalizada de infantes ante las actitudes, los disfraces y las desnudeces violentamente eróticas que los niños podrían contemplar, implicándose en un delito que roza la pedofilia. Por otro lado, le expliqué la falta de unidad de criterio entre la dirección nacional de su partido (que espera la resolución de un recurso de inconstitucionalidad sobre la ley que permite el matrimonio entre sujetos del mismo sexo) y el ayuntamiento de Málaga. Sin embargo, en vez de agradecer mi desvelo por la inocencia sagrada de la infancia y mi preocupación por el desnorte del Partido Popular, doña Mariví me envió un mensaje en el que me acusaba de intransigente al tiempo que me quitaba de su lista de amigos, por más que mis palabras hayan servido para que en la publicidad ya no aparezca la peligrosa invitación a los niños para que sean partícipes de lo que, sin duda, será una apología a las conductas sexuales más depravadas.
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