31 dic. 2010

Presi, la mujer que nos ayuda en casa, es de nuevo protagonista de mi columna. Me alegra transmitirles su sorpresa a causa de las numerosas felicitaciones navideñas que ha recibido desde que apareciera en uno de mis artículos, lo que prueba que ALBA disfruta de muchos lectores de buen corazón.

Llegó el lunes con una colección de fotografías de su primera experiencia en la nieve. Había viajado a Navacerrada con un grupo de amigas para conocer in situ este singular fenómeno atmosférico. Pasaron mucho frío, pues comieron al aire libre entre carámbanos y un viento helado. Sin embargo, está convencida de que mereció la pena: en su archipiélago se asombrarán de las instantáneas, en las que aparecen ante el blanquísimo paisaje con la certeza de lo que cuesta mucho imaginarse en un país en el que todo es calor.Mientras me mostraba las fotos, se detuvo a explicarme su celebración de la Nochebuena. Como casi todos los inmigrantes que han llegado de un país pobre, comparte un piso con un puñado de personas de su misma nacionalidad. De entre ellos, unos cuantos se trasladaron a una iglesia en las inmediaciones de Plaza de Castilla para asistir a la misa de vigilia. <<Los bancos estaban repletos>>, me explicó, <<y muchos niños acompañaron al sacerdote por el pasillo central de la nave>>. Los pequeños iban disfrazados de angelitos, y en sus ojos oblicuos se podía leer la emoción ante la cercanía de los regalos. <<Durante la celebración cantamos mucho, como en mi país>>, porque los filipinos no entienden una liturgia adusta y contenida sino que necesitan expresar su fe mediante una alegría desbordante. <<El sacerdote pidió a los pequeños, que rodeaban el altar, que levantaran la mano si aguardaban la inminente llegada de Santa Claus>>. El templo se llenó de brazos alzados, porque en las Fiestas los tagalos se vuelven como niños candorosos y todos, absolutamente todos, suspiran por el intercambio de presentes. El cura les lanzó un nuevo interrogante: <<¿Y quién de vosotros espera la llegada del Niño Jesús?>>. Los adultos consideraron que aquella respuesta comprometida estaba reservada sólo para los chiquillos, de entre quienes florecieron algunas manitas por las escaleras del presbiterio. Al celebrante filipino se le dibujó una sonrisa: <<Pues me satisface daros una buena noticia: mientras a Santa Claus sólo se le espera una noche al año, a Jesús, en cambio, podemos encontrarle todos los días de la vida>>. Los fieles completaron la homilía con una atronadora ovación.
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