16 feb. 2012

Le hablaron al alevín ZP de muchas cosas importantes al mismo tiempo: quiénes son los Reyes, quién el abuelo fusilado por “rojo”, en qué consiste la Fiesta Nacional… Y se hizo un lío: odió a los Magos por ajusticiar a su abuelo en una plaza de toros. Sólo así se puede entender el encuentro con las víctimas del terrorismo, cuando confesó a la madre de Irene Villa sus pesadillas, de chaval, con un capitán Lozano al que el Presidente tiene aupado en un falso pedestal de heroísmo. Cuando RTVE cayó en sus manos, ZP dio puntillazo a las corridas de toros, privando a quienes sostenemos el insaciable agujero negro de la televisión pública de una tarde en la Maestranza, en Las Ventas o en la mismísima plaza de León, ruedo que celebra, desde hace tiempo, una larguísima tarde con ocho astados para cuatro matadores (y el capitán revoloteando por los tendidos; y Baltasar presidiendo al tiempo que Melchor abre la puerta de toriles y Gaspar azuza las mulillas cascabeleras).
Pena de confusión, ZP, porque en las horas muertas de su retiro en Somosaguas habrá escuchado a Juan José Padilla, un héroe enamorado de la vida que se ha labrado un pedestal de sangre y esfuerzo, héroe que se niega a despertar conmiseración por sus taras físicas, héroe que apenas le presta atención a sus heridas, por más que desde fuera produzcan miedo –la cara partida, el parche en el ojo-, héroe que no desea caricias de lástima sino espaldarazos mientras camina firme por el túnel del miedo que desemboca en el albero de Olivenza, una plaza en la raya con Portugal, buen sitio para reaparecer con las cicatrices blandas, un pitido ingobernable en el oído, el labio inferior doblado y ese ojo que necesita la veladura de la tela negra, no vaya a ser que el público pida las orejas en un mal gesto de piedad.

Padilla se hinca de rodillas frente a las durísimas circunstancias, y les pega una larga cambiada para después gallear a la muerte por chicuelitas, banderillear por el pitón izquierdo y terminar dibujando ochos con la bamba de su muleta. ¡Ay, si el horario infantil mostrara estas imágenes en vez del griterío de las pelanduscas y de las locas que nunca censuró ZP!
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