21 mar. 2012

Le llaman ‘la erótica del poder’

Y uno, si es varón, se imagina esa erótica como una mujer poderosa, poderosísima… Sin embargo, en esta ocasión la atracción nada tiene que ver con los sexos, ni con los géneros (que Aído y Pajín me hagan la ola), porque el poder seduce a hombres y mujeres por igual. 

No mucho tiempo ha, en una fiesta de disfraces, mi mujer y un servidor nos topamos con un sujeto que se presentaba a sí mismo como “ministrable del previsible próximo gobierno del PP” sin ningún tipo de sonrojo. Aunque al tipo aún no le han llamado a filas –al menos, no le he visto fotografiado bajo los epígrafes de los mandamases de la cosa pública–, la posibilidad de calentar cuero azul le hacía sentirse como macaco en celo, a pesar de que su esposa –¡ay!– observaba con resignación las ilusorias cualidades conquistadoras del susodicho, quien en un rapto de estúpida vanidad le echaba los tejos incluso a la columna del salón, sin soltar el gintonic.

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