1 abr. 2012


Hay que ver cómo pasa el
tiempo a partir de una edad

Parece que los 20 nos llegaron ayer y estamos en la cuarentena, etapa en la que todavía retenemos el eco de la juventud por más que esta pinte canas, las articulaciones nos comiencen a pasar cuenta de los años de intenso deporte o la ciática nos muerda con un latigazo cada vez que aupamos al más pequeño de los hijos. Pero con 40 aún no nos han abierto la puerta a la decadencia, por más que haya perdido fuelle la musculatura que rodea al ombligo. De hecho, si apretamos el cinturón después de meter tripa, logramos disimular la curva del feliz bebedor de cerveza. Otra cosa es en verano, durante esos paseos tobilleros donde las olas lamen la arena, cuando sólo un traje de baño tamaño bermuda y atrevido diseño con palmeras de colorín, logra distraer la mirada inquisidora de las huestes femeninas que se tuestan sobre la toalla. Y es que
no se le pueden pedir peras al olmo, que a esta edad la casi totalidad de los antepasados que nos miran desde el cielo había comenzado a ejercer el amable ...Seguir leyendo en PDF
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