25 may. 2012

Cada vez que abro el correo electrónico, la bandeja de entrada se me puebla con mensajes de personas que quieren ser mis amigas. Sí, entiendo que lo dicho suena como a conversación de parvulario, cuando un pequeñajo se acerca a otro con carita de cordero degollado para rogarle su cariño.

No exagero al insistir que el aluvión de mensajes de amistad es cierto, y eso que yo no los he solicitado. No en vano, Internet ofrece a diestro y siniestro todo tipo de relaciones interpersonales, unas más decentes que otras, a las que mucha gente se entrega con la candidez a la que sólo puede empujar la soledad de este mundo en bullicio o el anonimato que ofrece el parapeto del teclado. En todo caso, no deja de llamarme la atención que algo tan cálido como la amistad (los amigos forman la familia que escogemos entre los que no son de nuestra sangre) utilice medios tan fríos y poco contrastables como los portales informáticos.Advierto de antemano que este artículo no pretende alertar sobre los peligros de Internet sino sobre la necesidad mal cubierta que tenemos los hombres de sabernos queridos. Si en nuestra casa, en nuestro trabajo o en nuestro barrio nos sentimos solos, queda el recurso de pescar colegas a través del correo electrónico. Una dirección de email y una contraseña abren un caudal casi infinito de posibilidades. Aquel que apenas habla con los que tiene cerca se siente capaz de gastar las horas escribiéndose con desconocidos a los que confía hasta lo que es incapaz de confesar a su propia sombra. Y si con el email y la contraseña fuera insuficiente, pasa a la lluvia fina de mensajes, esas reproducciones por spam que nos hacen mendigar una amistad con quien sea que le haya caído de rebote nuestro grito mundo de que estamos solos.

Me dicen -quienes saben de estas materias- que la pertenencia a algunas de estas comunidades de amigos virtuales te permite viajar por el mundo con la tranquilidad de ser siempre bien acogido. ¿Acogido? ¿Por quién? Todos exigimos el amor gratuito de los amigos, pero la amistad se fragua con dedicación y esfuerzo, algo ajeno al apretar inmediato de un botón.
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1 comentario:

  1. Genial!! acabo de descubrir este blog y aunque suelo leer al autor en facebook también está bien esta plataforma! saludos

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