25 ago. 2012


Que se va, se va...

Dice la rumbita gaditana acerca de un vapor que vivió para cruzar la bahía, desde la dársena del Puerto de Santa María al fondeadero de la señorial Tacita de Plata. Al avanzar cansino que mereció el toque de guitarras y palmeros, lo acompañaba el vuelo desdeñoso de las gaviotas, que venteaban el rizo de las embarcaciones en busca de los lomos nacarados de los peces.
Los veraneantes se daban el gusto de auparse a su bamboleante y cansado navegar, mientras que eran otros –pescadores, estibadores, matarifes de las lonjas, empleadas del hogar...– los que habían hecho del vaporcito costumbre necesaria de una vida que pasa lenta, como los globos negros que el paquebote exhalaba en su cansancio. Seguir leyendo en pdf

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