14 jun. 2015



En pocos lugares conseguimos toparnos con el auténtico rostro de España. En Madrid decimos que éste se refugia en el Parque de Atracciones, en donde está lo mejor, lo regular y lo peor de cada casa. De vivir, Unamuno podría haber anotado muy sesudas reflexiones en la cola para subirse a la montaña rusa.

Años ha, el servicio militar era otra fotografía completa del problema de España. Y no solo porque en los meses de milicia se juntaran quintos de todos los rincones de la piel de toro (también catalanes y vascos, que desfilaban con el mismo paso marcial que el resto de la compañía), sino porque en uniforme perdía sentido la diminuta aldea en la que nos movemos –aún en el tráfago de una gran ciudad– frente al caleidoscopio de un país repleto de diferencias.Seguir leyendo en El Correo de Andalucía

Hacer una gestión en el Registro Civil es, hoy, el mejor modo de entender nuestro presente y nuestro futuro. Allí se forman larguísimas filas para solicitar partidas de nacimiento, matrimonio y defunción, el resumen más breve y completo de nuestra existencia. En la larga cola que baja por las escaleras del sucio edificio, de nada sirven los títulos universitarios, las cuentas corrientes ni los apellidos compuestos. Es el hombre desnudo de alharacas el que se acerca a la ventanilla para comprobar que, para la administración, es solo una anotación en un libro, un apunte con fecha de caducidad.

En el Registro Civil aprendemos que el español actual, el del mañana, el que generará la España de pasado mañana... tiene rasgos caribeños, asiáticos, norteafricanos, andinos, suramericanos, ecuatoriales y un largo sinfín de mezclas.

Supongo que Ortega y Gasset, de vivir y acudir al Registro, concluiría que nos encontramos ante el suicidio patrio. Y si no lo concluyera don José, soy yo quien lo proclama: pobre España... pobre Europa... Hace años renegamos de nuestros valores, de nuestros principios, de nuestras creencias, de nuestras familias. Y en la debilidad, hay pueblos jóvenes dispuestos a conquistar estos territorios baldíos.
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