28 sept. 2015

El nacionalismo versus separatismo versus independentismo (como Isabel y Fernando,  tanto monta, monta tanto), está más cerca de nosotros de lo que pudiéramos imaginar. Y no me refiero a quienes por obligación de trabajo deben desplazarse por la piel de Cataluña y del País Vasco, por más que de viajantes esté el mundo lleno (los ejecutivos no dejan de ser los vendedores de adelgazantes de hace sesenta años), o a quienes viven en esas tierras acosados por los que reivindican un planeta en el que sólo existan los de su RH. Basta, digo, con echar una mirada alrededor de nuestra rutina para encontrarlos, sentimentales y reivindicativos, firmes en la fe de que los derechos se han inventado para ellos y las obligaciones –miré usted por dónde- para los demás.

Hay nacionalistas de urbanización. Me refiero al tipo de vecino que se enroca en las más variadas y puñeteras veleidades. Si hay derrama, no paga. Si hay que dejar las basuras a partir de las ocho, las deja a las cuatro y, encima, no las mete en el cubo. Si se siente presionado por las reivindicaciones de la comunidad, lo más probable es que, de vivir en uno de los pisos más altos, se deje el ascensor con la puerta abierta, de modo que a los demás no les quede más tu tía que bajar y subir a pie.

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Hay nacionalistas en las familias. Me refiero al que en todos los conflictos se sale con la suya; al que en el momento de leer el testamento de la abuela, se saca del bolsillo unas inesperadas últimas voluntades en su beneficio; al que encuentra vericuetos para nunca poner lo que le corresponde para mantener la casa común; al que conserva el pleito por un cenicero de alpaca así pasen cien años; al que nunca viene de visita...

Hay nacionalistas en el trabajo. Me refiero al que nunca tiene un minuto para resolverte una duda; al que se guarda la información para salir siempre bien parado; al que sabe distribuir entre los demás sus errores; al que logra concentrar todos los halagos del jefe…

La vida nos demuestra que el nacionalismo y sus sinónimos no son una exclusiva jodienda territorial.


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