22 sept. 2015



Francisco tiene la costumbre de hablar sin circunloquios, de tal modo que sus palabras no necesitan interpretaciones y sus textos –por muy papales que sean- se leen de corrido. El escuchante y el lector, lo digo por experiencia, no tienen duda de que el obispo de Roma, argentino él, a lo blanco lo llama blanco, sin apenas concesiones a la retórica, y a lo negro… Lo negro lo alancea hasta ponerlo en alto, como si lo clavara en una pica, para que a nadie le queden dudas de cuál es su firme convicción.
Desde que dio comienzo su papado, con aquella tímida aparición en la logia principal de San Pedro (de tímida, nada; en cuanto se hizo con el micrófono puso a rezar a las multitudes al tiempo que rogaba –petición en la que no ceja- que rezáramos por él, seguro de que la responsabilidad le queda muy grande), Francisco no ha cejado de advertir el aura de guerra mundial que nos envuelve, como si la temible Tercera no fuese una oscura amenaza de tiempos soviéticos. Y la última campanada la ha dado en la guarida del dinosaurio: Cuba, la isla musical en la que un imbatible Fidel está ganándole la partida al último atentado magnicida: el de su muerte de puro viejo.


Los libros dirán en el futuro hasta qué punto la idiocia occidental no supo ver que la III GM no comenzó con una declaración escrita, sino con el ataque terrorista del 11 de Septiembre. Los libros nos dirán hasta qué punto el buen rollito del Norte se empeñaba en descalabrar la moral judeocristiana –su mejor arma, pacífica, además- al tiempo que el enemigo se nos colaba por los poros del Mediterráneo. Los libros nos dirán cómo el principal golpe de efecto contra nuestros cimientos nos lo asaetamos con la destrucción de la familia y el cementerio demográfico, permitiendo que las huestes moras conquistaran estos reales sin poner demasiado esfuerzo.
Francisco lo ve con claridad y así lo manifiesta repetidamente. Lo vaticinó cuando era Bergoglio y hacía cabeza de la archidiócesis de Buenos Aires: Europa –especialmente España- es, para él, territorio perdido.

Si el inicio de la III GM fue mucho más sutil e igual de asesina, desde que dio comienzo en aquel 11 de septiembre de 2001.
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