12 oct. 2015

Las próximas elecciones al Parlamento y al Senado serán un duelo de bailes. La idea puesta en práctica por el catalán Iceta, a pesar de las críticas con mohín arrugado de su contrincante Albiol, ha sido todo un éxito. Y no precisamente porque el tal Iceta sea un exquisito en el arte de mover las caderas –evocaba a la mascota de los neumáticos Michelin, y se contoneaba como si se le hubiera colado una lagartija en la camisa-, sino porque el gesto ha gustado a la demoscopia electoral.

Después de contemplar los estudiados pasos de la vicepresidenta, un golpe de sorayismo en el plató del Hormiguero, los asesores han impuesto a los candidatos la obligatoriedad de asistir a una academia de baile. Nacho Duato, españolísimo él, se tiene que estar frotando las manos. ¡Infeliz!...  Me malicio que los gustos populares empujan a nuestros políticos a una danza menos estética.

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Hace un tiempo escribí acerca de la conga de Pablo Iglesias. Coletazo va, coletazo viene, las manos en las caderas de la Carmena, todos en fila, muy ordenaditos, y a pasear entre las sillas bajo el ritmo atronador de “Paquito el Chocolatero”, cuyo intelectual estribillo (en un solo de trompeta, los danzarines tienen que gritar: <<¡Eh!... ¡Eh!... ¡Eh!...>>, sin que conozcamos el motivo) obliga a detenerse para realizar un meneo bastante ordinario dirigido a quien se encuentra delante y a quien se encuentra detrás.

Si Zapatero se marchó sin escenificar un luctuoso heavy metal en compañía de sus hijas –todos de riguroso negro-, a Pedro Sánchez, al contrario, le va el desenfado de un numerito a lo “Village People” (le pega ataviarse como el de los cueros, que también va de guapo. Y como el pueblo no  sabe bien quiénes son los que forman su equipo, ruego al lector que reparta los disfraces como guste). Y a Rajoy… A Rajoy dudo si una danza funeraria o un tango arrebatado y triste mientas, por detrás, Jose María Aznar se afloja la corbata para demostrarnos cómo se interpreta el sirtaki.

Nos queda Albert Rivera, que por joven y atezado se inclinará por el “I gotta a feeling”, con el que fácilmente logrará colapsar las principales avenidas de nuestras ciudades.


Este es el sino de nuestra pobre España: un bailoteo allí donde habría que poner cabeza y corazón.
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