14 dic. 2015

Durante estas semanas el mundo está surcado por millones de caminos invisibles, escritos con direcciones y remites de todos los colores, en sobres con más gramaje de lo normal, a veces confeccionados con una cartulina delicada e intencionada; otras en sobre humilde, que se abre a pesar de la tira de goma y transparenta su contenido: la reproducción de una fotografía, de un grabado, de un dibujo infantil y hasta de un lienzo importante, de firma, esos que penden de las paredes de los museos.
A las felicitaciones de Navidad las llamamos christmas, no sé por qué, con lo fatigoso de buscar cuántas haches tiene el palabro inglés y dónde se ubican, ¡mecachis! qué difícil nos lo ponemos, con lo completo que es nuestro diccionario (los académicos capaces son de haber registrado el término como nuestro, dándole la misma categoría que a botijo, mentecato, rabadán, sonajero…).

En los millones de felicitaciones navideñas cabe de todo. No hace tantos decenios -fui niño entonces- eran rectángulos de papel, doblados por la mitad. Al frente, una reproducción no demasiado conseguida de alguna escena evangélica de lo que aconteció en Belén y alrededores. Años después dichas imágenes llegaban, incluso, troqueladas, cuando el que la enviaba podía permitirse el lujo de adquirir un tarjetón que daba volumen al rostro de los personajes principales del Nacimiento, a los cuernos y las orejas del buey y la mula que no aparecen en la Biblia. Después, el acabose: Papa Noel por aquí y por allá, paisajes estúpidamente blancos, campanitas, los minúsculos cristales de los que se componen los copos de nieve, notas musicales, pajaritos, frases cursilonas en idiomas ajenos: mucha paz y mucho amor, chin-pon. Y desde hace unos lustros, una lluvia de cartulinas impresas con fotografías de la familia: el niño; el niño y la niña; el niño, la niña y un cachorrito; los papás solos; los papás y los niños; los abuelos con los papás; los abuelos, los papás y los niños; la suegra con los niños; la suegra sola; la suegra en traje de baño con un Papa Noel estampado… como si la Navidad fuese, no sé, un reportaje de anónimos para el ¡HOLA!


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