7 may. 2018

El nacionalismo moderado y radical ha podrido las tres provincias vascas, buena parte de Navarra y la Francia que habla vascuence. Y no solo por la sangre de todos los inocentes a los que la ETA reventó con sus bombas o disparó en la nuca, ni solo por los secuestrados (tantísimos), ni solo por los extorsionados, ni por los que se vieron obligados a marcharse de la tierra que les vio nacer y amaban, en la que se hundían sus raíces, ni por aquellos que un día fueron acogidos, ni por quienes durante décadas vivieron con miedo, con el terror de formar parte de una lista de posibles víctimas.

http://elcorreoweb.es/opinion/columnas/la-mentira-NY4133917

La putrefacción la trajeron también la complicidad, el apoyo explícito e implícito, la delación, el silencio y el voto. Después de tantos muertos, después de tanto dolor, las urnas, las concejalías, el gobierno de ese territorio del norte que es el mío apesta a podrido, en unos casos por la complicidad, en otros por la postura de perfil, en otros por el ánimo de un discurso ambiguo, en otros por la equidistancia, en todos ellos por el desprecio a la libertad y a la convivencia, por el odio a quien no comparte la utopía de una raza inexistente, de una historia más o menos inmediata escrita con una desvergonzada suma de mentiras. No hay raza, no hay ADN, no hay grupo sanguíneo, no hay diferencias significativas con los habitantes del resto de España, tampoco en sus gallinas (una de las papanatadas de Arzallus), porque el País Vasco no es una isla, porque en sus listados telefónicos se mezclan los apellidos, porque en Europa no hay un solo rincón con un relato aislado, endogámico, exclusivo. Mentira cruel sobre mentira cruel. Mentira asesina sobre mentira asesina. Y a estas mentiras pretenden sumar la de un presente sin culpables.



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